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El Libro del Pueblo de Dios

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Joel

27EL DÍA DEL SEÑOR Y EL JUICIO DE LAS NACIONES
27El horizonte profético se amplía hasta adquirir dimensiones cósmicas. Los acontecimientos que habían conmovido a Judá (caps. 1-2) no hacían más que anticipar el “Día del Señor”. La descripción apocalíptica de ese gran Día final concentra ahora toda la atención del profeta. La efusión del espíritu del Señor y el juicio de las naciones serán dos momentos decisivos de esa intervención soberana de Dios al fin de los tiempos. El universo entero se conmoverá, para que de las ruinas del mundo antiguo surja una nueva creación, reservada por el Señor para todos los que invocan su Nombre.
27En su discurso de Pentecostés, el Apóstol Pedro cita el pasaje de 3. 1-5, para afirmar que esa nueva creación ya ha comenzado, con la efusión del Espíritu de Jesús resucitado sobre la comunidad cristiana (Hech. 2. 15-21). Este anuncio le ha valido a Joel el título de “profeta de Pentecostés”.
La efusión del espíritu de Dios
3
1 Después de esto, yo derramaré mi espíritu
1 sobre todos los hombres:
1 sus hijos y sus hijas profetizarán,
1 sus ancianos tendrán sueños proféticos
1 y sus jóvenes verán visiones.
2 También sobre los esclavos y las esclavas
2 derramaré mi espíritu en aquellos días.
3 Haré prodigios en el cielo y en la tierra:
3 sangre, fuego y columnas de humo.
4 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre,
4 antes que llegue el Día del Señor,
4 día grande y terrible.
5 Entonces, todo el que invoque el nombre del Señor se salvará,
5 porque sobre el monte Sión y en Jerusalén se encontrará refugio,
5 como lo ha dicho el Señor,
5 y entre los sobrevivientes estarán los que llame el Señor.

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