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El Libro del Pueblo de Dios

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Jeremías

32PROMESAS DE RESTAURACIÓN: LA NUEVA ALIANZA
32La misión profética de Jeremías no consistió únicamente en “arrancar y derribar”, sino también en “edificar y plantar” (1. 10). En los largos años de su actividad, el profeta afrontó toda clase de peligros para erradicar el mal que minaba la vida de su Pueblo. Pero Judá no supo responder a su mensaje. El pecado tiene raíces tan hondas en el corazón humano, que el hombre con sus solas fuerzas no puede liberarse de esa pesada esclavitud (13. 23; 17. 1). ¿Quiere decir entonces que Dios ha fracasado en su designio de formarse un Pueblo fiel? Jeremías no se deja vencer por la desesperanza y predice una futura intervención divina que transformará por completo las relaciones del Señor con su Pueblo. Sobre las ruinas de la Alianza sellada en el Sinaí, Dios hará surgir una “Nueva Alianza”, que no será una mera restauración de la antigua, sino una nueva creación. La Ley ya no será letra muerta, grabada en tablas de piedra, porque el Señor renovará el corazón de sus fieles para hacerlos vibrar con sus propios sentimientos. Entonces Israel “conocerᔠde veras al Señor y será realmente su Pueblo (31. 31-34).
32A fin de confirmar esta promesa, Jeremías realiza una acción simbólica. En pleno asedio de Jerusalén, él adquiere el campo de un pariente cercano, para impedir que una propiedad familiar pase a manos de terceros. La transacción se realiza en presencia de testigos (32. 6-10), y el profeta explica este acto como un símbolo de la vida que iba a renacer después de la purificación del exilio (32. 11-15).
32Jeremías ignoraba cuándo y cómo se harían realidad estas promesas. El Nuevo Testamento nos dice que esa Nueva Alianza de Dios con la humanidad quedó sellada de una vez para siempre con la sangre de Jesús (Lc. 22. 20; Heb. 8. 7-13; 9. 15-23).
Introducción
30
1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: 2 Así habla el Señor, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que yo te he dirigido, 3 porque llegarán los días –oráculo del Señor– en que cambiaré la suerte de mi pueblo Israel y Judá –dice el Señor– y los haré volver al país que he dado a sus padres, y ellos lo poseerán.
4 Estas son las palabras que el Señor dirigió a Israel y a Judá:
Evocación del Día del Señor
5 Así habla el Señor:
5 Hemos oído un grito de terror,
5 ¡es el pánico y no la paz!
6 Averigüen y vean
6 si puede un varón dar a luz.
6 ¿Por qué, entonces, veo a todos los hombres
6 con las manos en las caderas
6 como una parturienta?
6 ¿Por qué todos los rostros
6 se han puesto lívidos?
7 ¡Ay! Porque es grande aquel Día,
7 y no hay otro igual.
7 Es un tiempo de angustia para Jacob,
7 pero él se salvará de la angustia.
Israel liberado para servir al Señor
8 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– yo quebraré el yugo de su cuello y romperé sus ataduras. Ya no servirán a extranjeros, 9 sino que servirán al Señor, su Dios, y a David, su rey, que yo les suscitaré.
La curación de las heridas de Israel
10 ¡Y tú no temas, servidor mío Jacob,
10 –oráculo del Señor–
10 no te espantes, Israel!
10 Porque yo te salvaré de un país lejano,
10 y a tu descendencia, del país de su cautiverio.
10 Jacob volverá y vivirá en calma,
10 tranquilo y sin que nadie lo perturbe.
11 Porque yo estoy contigo
11 –oráculo del Señor– para salvarte.
11 Sí, yo aniquilaré a todas las naciones
11 entre las cuales te había dispersado,
11 pero a ti no te aniquilaré:
11 te corregiré con equidad,
11 pero no te dejaré impune.
12 Porque así habla el Señor:
12 ¡Tu herida es incurable,
12 irremediable tu llaga!
13 Nadie defiende tu causa,
13 no hay remedio para tu herida,
13 tú ya no tienes cura.
14 Todos tus amantes te han olvidado,
14 no se interesan por ti.
14 Porque yo te he golpeado como golpea un enemigo,
14 con un castigo cruel,
14 a causa de tu gran iniquidad,
14 porque tus pecados eran graves.
15 ¿Por qué gritas a causa de tu herida,
15 de tu dolor incurable?
15 A causa de tu gran iniquidad,
15 porque tus pecados eran graves,
15 yo te hice todo esto.
16 Pero los que te devoran serán devorados
16 y todos tus adversarios irán al cautiverio;
16 los que te despojan serán despojados
16 y a los que te saquean, los entregaré al saqueo.
17 Sí, yo cicatrizaré tu llaga
17 y te sanaré de todas tus heridas
17 –oráculo del Señor–
17 porque te llaman “La Expulsada,
17 esa Sión, de la que nadie se preocupa”.
Restauración de Sión y de sus instituciones
18 Así habla el Señor:
18 Sí, yo cambiaré la suerte de las carpas de Jacob
18 y tendré compasión de sus moradas;
18 la ciudad será reconstruida sobre sus escombros
18 y el palacio se levantará en su debido lugar.
19 De allí saldrán cantos de alabanza
19 y risas estridentes.
19 Los multiplicaré y no disminuirán,
19 los glorificaré y no serán menoscabados.
20 Sus hijos serán como en los tiempos antiguos,
20 su comunidad será estable ante mí
20 y yo castigaré a todos sus opresores.
21 Su jefe será uno de ellos
21 y de en medio de ellos saldrá su soberano.
21 Yo lo haré acercarse, y él avanzará hacia mí,
21 porque si no, ¿quién se atrevería
21 a avanzar hacia mí? –oráculo del Señor–.
22 Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
El Juicio del Señor
23 ¡Miren el huracán del Señor,
23 ha estallado el furor,
23 arrecia la tempestad,
23 gira sobre la cabeza de los malvados!
24 El ardor de la ira del Señor no se volverá atrás
24 hasta haber ejecutado y cumplido
24 los designios de su corazón.
24 Al término de estos días,
24 ustedes lo entenderán.

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