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El Libro del Pueblo de Dios

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Jeremías

38RELATOS BIOGRÁFICOS Y ANUNCIOS DE SALVACIÓN
38La siguiente sección se divide en tres partes: comienza con una serie de relatos biográficos (caps. 26-29), prosigue con varios oráculos de salvación (caps. 30-33) y concluye con unos fragmentos adicionales (caps. 34-35).
38Los oráculos reunidos en la segunda parte desarrollan el tema central de toda la sección, que es la restauración de Israel. El Señor cambiará la suerte de su Pueblo, y sus llagas serán curadas (30. 17-18). Él congregará a sus hijos dispersos y los cuidará como un pastor su rebaño (31. 10). Los purificará de sus faltas y perdonará sus pecados (33. 8). Será el Dios de todas las tribus de Israel y ellas serán su Pueblo (31. 8).
38PERSECUCIÓN CONTRA JEREMÍAS
38Los siguientes relatos presentan a Jeremías en abierto enfrentamiento con los dirigentes de Judá y los falsos profetas. Dichos relatos han sido insertados intencionalmente en este contexto, para mostrar que en Jeremías se realiza otra de las condiciones esenciales del verdadero profeta, que es el cumplimiento de sus predicciones (28. 15-17).
38En esta sección merece destacarse la “carta” enviada por Jeremías a los judíos deportados a Babilonia en el 597 a. C. (2 Rey. 24. 8-17). Entre los exiliados había falsos profetas que alentaban la esperanza de una próxima liberación. Pero Jeremías les dirige un mensaje para disipar ese optimismo ilusorio. El exilio será largo. Los deportados deben establecerse en aquella tierra extranjera y promover la prosperidad de su nuevo país. Al Señor se lo puede servir también en Babilonia, porque él está junto a su Pueblo incluso fuera de Palestina. Este inesperado consejo marcó una etapa decisiva en la historia de la Revelación: la religión de Israel había traspasado las fronteras de la Tierra santa.
Arresto de Jeremías por su discurso contra el Templo
26
1 Al comienzo del reinado de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó esta palabra a Jeremías, de parte del Señor: 2 Así habla el Señor: Párate en el atrio de la Casa del Señor y di a toda la gente de las ciudades de Judá que vienen a postrarse en la Casa del Señor todas las palabras que yo te mandé decirles, sin omitir ni una sola. 3 Tal vez escuchen y se conviertan de su mal camino; entonces yo me arrepentiré del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus acciones. 4 Tú les dirás: Así habla el Señor: Si ustedes no me escuchan ni caminan según la Ley que yo les propuse; 5 si no escuchan las palabras de mis servidores los profetas, que yo les envío incansablemente y a quienes ustedes no han escuchado, 6 entonces yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra.
7 Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor. 8 Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: “¡Vas a morir! 9 Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada”. Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor.
10 Al enterarse de esto, los jefes de Judá subieron de la casa del rey a la Casa del Señor, y se sentaron para el juicio a la entrada de la puerta Nueva de la Casa del Señor. 11 Los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: “Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes lo han escuchado con sus propios oídos”. 12 Pero Jeremías dijo a los jefes y a todo el pueblo: “El Señor es el que me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que ustedes han oído. 13 Y ahora, enmienden su conducta y sus acciones, y escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal con que los ha amenazado. 14 En cuanto a mí, hagan conmigo lo que les parezca bueno y justo. 15 Pero sepan que si ustedes me hacen morir, arrojan sangre inocente sobre ustedes mismos, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes para decirles todas estas palabras”.
16 Los jefes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: “Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios”. 17 Entonces se levantaron algunos hombres de entre los ancianos del país, y dijeron a toda la asamblea del pueblo: 18 “Miqueas de Moréset profetizó en los días de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: Así habla el Señor de los ejércitos:
18 Sión será un campo arado,
18 Jerusalén, un montón de ruinas,
18 y la montaña del Templo, una altura boscosa.
19 ¿Acaso Ezequías, rey de Judá, y todo Judá lo hicieron morir? ¿No temió él al Señor y aplacó el rostro del Señor, de suerte que el Señor se arrepintió del mal con que los había amenazado? Nosotros, en cambio, estamos por hacernos un daño enorme a nosotros mismos”.
20 Hubo además otro hombre que profetizaba en nombre del Señor: Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Iearím. Él profetizó contra esta ciudad y contra este país en los mismos términos que Jeremías. 21 El rey Joaquím, todos sus guardias y los jefes oyeron sus palabras, y el rey intentó darle muerte. Al enterarse, Urías sintió temor y huyó a Egipto. 22 Pero el rey Joaquím envió a Egipto a Elnatán acompañado de algunos hombres. 23 Ellos sacaron a Urías de Egipto y lo llevaron ante el rey Joaquím, que lo hizo matar con la espada y arrojó su cadáver a la fosa común.
24 Sin embargo, Ajicám, hijo de Safán, protegió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para ser ejecutado.

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