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El Libro del Pueblo de Dios

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Jeremías

18INVECTIVAS CONTRA LOS REYES Y LOS FALSOS PROFETAS
18La colección de oráculos contra los reyes de Judá nos hace ver con qué libertad denunciaba Jeremías a esos “ungidos del Señor”, cuando ellos extraviaban a su pueblo y dejaban de “conocer” a su Dios como lo había “conocido” Josías (22. 15-16). Al rey Joaquím le reprocha su despotismo y su injusticia, y le predice un fin vergonzoso (22. 13-19). A su hijo Joaquín, llamado también Conías o Jeconías, le anuncia que morirá en una tierra extranjera, sin que ninguno de sus hijos sea investido de la dignidad real (22. 24-30). A Sedecías, el último de los reyes de Judá le responde que Jerusalén caerá en poder del rey de Babilonia y será consumida por las llamas (21. 1-10). ¿Quiere decir entonces que han caído en el vacío las promesas del Señor a la dinastía davídica? No, porque el Señor suscitará a David un “vástago legítimo”, que reunirá al “resto” disperso de todo Israel y establecerá el reinado de la justicia y de la paz (23. 3-8).
18Mucho más difícil fue el conflicto que enfrentó a Jeremías con los “falsos profetas”. También ellos se presentaban como heraldos del Señor y defendían sus predicciones con la misma convicción que él (28. 1-11; 29. 21). ¿Cómo desenmascararlos ante el pueblo, siempre más propenso a dejarse llevar por promesas engañosas que por los sombríos presagios del verdadero profeta? Jeremías no oculta su desconcierto frente a esta situación (23. 9) y lucha por encontrar los criterios para discernir la auténtica profecía de la falsa. Los falsos profetas llevan una vida indigna de los auténticos portavoces del Señor (23. 11) y hacen que la impiedad se propague por todo el país (23. 14-15). Pero, sobre todo, halagan los sentimientos del pueblo y le infunden un optimismo ilusorio, anunciando que no pasará nada malo (23. 17), sin tener en cuenta que la conversión es la condición fundamental para que se cumplan las promesas de la Alianza. Si realmente ellos anunciaran la Palabra de Dios, y no sus propios sueños (23. 25-28), tendrían que hacer tomar conciencia al pueblo de la ruina que lo amenaza por su infidelidad al Señor.
La respuesta al mensaje de Sedecías
21
1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sefanías, hijo de Maasías, para decirle: 2 “Por favor, consulta al Señor por nosotros, ya que Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra. Tal vez el Señor renueve por nosotros todas sus maravillas, y lo fuerce a retirarse”.
3 Jeremías les dijo: “Díganle a Sedecías: 4 Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo haré retroceder las armas de guerra que ustedes empuñan, con las que combaten al rey de Babilonia y a los caldeos que los asedian desde fuera de los muros, y las amontonaré en medio de esta ciudad. 5 Yo mismo combatiré contra ustedes con mano fuerte y brazo poderoso, con ira, furor y una gran irritación. 6 Heriré a los habitantes de esta ciudad, hombres y animales, y ellos morirán de una gran peste. 7 Después de esto –oráculo del Señor– entregaré a Sedecías, rey de Judá, a sus servidores y a la población que aún quede en esta ciudad después de la peste, de la espada y el hambre; los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y en manos de los que atentan contra su vida: él los pasará al filo de la espada, sin piedad, sin clemencia y sin compasión”.
8 Y a este pueblo le dirás: “Así habla el Señor: Miren que yo pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte. 9 El que permanezca en esta ciudad morirá por la espada, el hambre y la peste; pero el que salga y se rinda a los caldeos que los asedian, vivirá, y su vida será para él un botín. 10 Porque yo he vuelto mi rostro hacia esta ciudad para mal y no para bien –oráculo del Señor–: ella será entregada en manos del rey de Babilonia, que la hará arder por el fuego”.
Contra la casa real
11 A la casa real de Judá:
11 ¡Escuchen la palabra del Señor!
12 Casa de David, así habla el Señor:
12 Hagan justicia cada mañana,
12 y libren al explotado de la mano del opresor,
12 no sea que mi furor estalle como un fuego
12 y arda sin que nadie lo extinga,
12 a causa de la maldad de sus acciones.
13 ¡Aquí estoy contra ti,
13 Moradora del valle,
13 Roca de la llanura! –oráculo del Señor–.
13 Ustedes dicen: “¿Quién bajará contra nosotros,
13 quién entrará en nuestras guaridas?”.
14 Soy yo el que los voy a castigar
14 conforme al fruto de sus acciones –oráculo del Señor–.
14 Yo prenderé fuego a su bosque
14 y él consumirá todos sus alrededores.

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