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Santo del día

Stos. Fabián y Sebastián; Fructuoso; Eulogio y Augurio, m.l.; Eustoquia Calafato; Eutimio el Grande

Santo del día

II del T.O. 2ª del salterio 1Sam 17,32-33.37.40-51 / Sal 143 / Mc 3,1-6


 



Primera Lectura: 1Samuel 17,32-33.37.40-51


En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: «Majestad, no os desaniméis. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo». Pero Saúl le contestó: «No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde mozo». David replicó: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo». Entonces Saúl le dijo: «Anda con Dios». Agarró el cayado, escogió cinco cantos del arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Este, precedido de su escudero, iba avanzando, acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó: «¿Soy yo un perro, para que vengas a mí con un palo?». Luego maldijo a David, invocando a sus dioses, y le dijo: «Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo». Pero David le contestó: «Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor de los Ejércitos, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos; te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los cadáveres del campamento filisteo a las aves del cielo y las fieras de la tierra; y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel; y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque esta es una guerra del Señor y él os entregará en nuestro poder». Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección a David, este salió de la formación y corrió velozmente en dirección al filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver que había muerto su campeón, huyeron.


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Salmo responsorial: Salmo 143,1.2.9-10


 


Bendito el Señor, mi Roca.


 


Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea.


 


Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos.


 


Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti, que das la victoria a los reyes y salvas a David, tu siervo.
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Evangelio: según san Marcos 3,1-6


En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo». Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.


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Reflexión: Las religiones y la violencia


La controversia de Jesús con los responsables del pueblo adquiere aquí su mayor gravedad. El sábado entra en colisión con la integridad y la vida de la persona. Con sus preguntas, Jesús los confronta con el mandamiento fundamental y pone de manifiesto su dureza de corazón. Su incapacidad para responder lleva a los letrados a reaccionar confabulándose con los herodianos para «buscar la forma de acabar con él». ¿Qué sucede en la vida religiosa de una persona o de una institución para que desarrollen en ella esa pulsión hacia la violencia y la muerte que la pervierte radicalmente? Muchas causas: la absolutización de la ley convertida en ídolo para el hombre, el temor a la pérdida del control del sistema religioso, una pervertida imagen de Dios que refleja y sanciona su corazón pervertido. Desgraciadamente, la historia muestra frecuentes perversiones religiosas de este estilo que las han convertido en generadoras de violencias sin cuento. Hoy las conocemos con el nombre de fundamentalismos, un peligro contra el que nunca haremos bastante para prevenirnos.


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