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Santo del día

S. Alberto Magno, m.l.; Leopoldo III; Macuto; Didier

Santo del día

XXXIII del T.O. 1ª del salterio Ap 3,1-6.14-22 / Sal 14 / Lc 19,1-10


 



Evangelio: según san Lucas 19,1-10


En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».


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Reflexión: De la curiosidad por Jesús, al encuentro con él


El protagonista del texto es un marginado, un proscrito social y religiosamente. Es Zaqueo –¿diminutivo de Zacarías, que significa «Dios se ha acordado»?–, jefe de publicanos y muy rico. Él mismo sospecha además que ha podido defraudar a otros. Pero es un proscrito que se interesa por Jesús, que tiene deseos de conocerle y pone todos los medios, hasta los que rayan en el ridículo, para conseguirlo. Aparentemente, es Zaqueo quien toma la iniciativa para conseguir ver a Jesús; pero, ese que pretende verle es alguien a quien Jesús dirige una mirada que lo cambia todo: lo que podría haber sido una vista fugaz de una persona famosa desde lo alto de la higuera, se convierte en un encuentro decisivo para su vida. La llamada de Jesús es urgente: «Baja enseguida, porque tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo en realidad no ha pedido la misericordia de Jesús, ni expresa su contrición como el hijo pródigo. Jesús por su parte no alude a la fe de Zaqueo.


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