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Santo del día

Ciriaco y Paula; Bruno; Leoncio; Nemesio

Santo del día

XVI del T.O. 4ª del salterio Miq 6,1-4.6-8 / Sal 49 / Mt 12,38-42


 



Primera Lectura: Miqueas 6,1-4.6-8


Escuchad lo que dice el Señor, el pleito del Señor con su pueblo. En pie, pleitea con las montañas, que escuchen tu voz las colinas. Escuchad, montañas, el pleito del Señor, vosotros, inalterables cimientos de la tierra: el Señor pleitea con su pueblo, con Israel se querella. Pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he molestado? ¡Respóndeme! Yo te saqué de Egipto y te libré de la servidumbre. Yo te envié a Moisés, Aarón y María. «¿Con qué me presentaré al Señor y me inclinaré ante el Dios excelso? ¿Me presentaré con holocaustos, con terneros de un año? ¿Le agradarán al Señor mil bueyes, miríadas de ríos de aceite? ¿Le ofreceré mi primogénito por mi falta, el fruto de mis entrañas por mi pecado?». Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con tu Dios.


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Salmo responsorial: Salmo 49,5-6.8-9.16bc-17.21.23


 


Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.


 


«Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio». Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar.


 


«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños».


 


«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?


 


Esto haces, ¿y me voy callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios».
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Evangelio: según san Mateo 12,38-42


En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos le dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un milagro tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».


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Reflexión: Jesús es la verdadera señal


Estos pocos versículos del evangelio de Mateo, nada fáciles de interpretar, ponen, sin embargo, en evidencia algo verdaderamente importante: que posturas como la que evidencia la petición de una señal por los fariseos y letrados jamás pueden conducir a la fe. ¿Qué señal tendría que haberles dado Jesús para que hubiesen terminado creyendo en Él? Jesús había realizado delante de ellos muchos milagros que habían llenado de admiración al pueblo y le habían hecho dar gloria a Dios, pero que ellos, contra toda lógica, habían atribuido a su connivencia con Beelzebú. Pedir una señal a Dios para creer es querer someterle al dictamen de la propia razón y a la decisión de la propia voluntad. Creer, en cambio, es confiar incondicionalmente en Dios, por ser Dios quien es, fiados de su amor y su palabra. La señal de Jonás a la que remite Jesús es Jesús mismo, su vida, incomprensible sin la presencia de Dios en él. Esa es la señal que ofreció Jesús a los discípulos de Juan, cuando le preguntaron si era el que tenía que venir: «los ciegos ven…., a los pobres se les anuncia la buena nueva, y bienaventurado el que no se escandaliza de mí».


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