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Santo del día

Alejo; Gregorio Escribano; León IV; Marcelina; Justa y Rufina; Colomán

Santo del día

4ª del salterio Gén 18,1-10a / Sal 14 / Col 1,24-28 / Lc 10,38-42


 



Primera Lectura: Génesis 18,1-10a


En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo». Contestaron: «Bien, haz lo que dices». Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas». Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían. Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Contestó: «Aquí, en la tienda». Y uno añadió: «Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».


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Salmo responsorial: Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5


 


Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?


 


El que procede honradamente y practica la justicia. El que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.


 


El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino. El que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.


 


El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.


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Segunda lectura: Colosenses 1,24-28


Hermanos: Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.

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Evangelio: según san Lucas 10,38-42


En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».


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Reflexión: La mejor parte


Seguimos en el viaje de Jesús a Jerusalén. En esta aldea Jesús sí es recibido y con verdadera hospitalidad. Marta es la dueña de la casa, enseguida ocupada en las tareas de la anfitriona. Entre tanto, María, su hermana, «sentada a los pies del Señor, escucha su palabra». Es, otra vez, una mujer, la encarnación misma de la figura del discípulo. Marta, «muy atareada en las labores del servicio», pide a Jesús que María le ayude. En su respuesta Jesús constata su agitación, afanándose por muchas cosas, y declara la prioridad de la escucha de la palabra, «lo único necesario», «la mejor parte que ha elegido María» y que «no le será quitada». Se ha visto en la escena la justificación por Jesús de la vida contemplativa, como forma de vida superior a la activa. Nada justifica esa lectura anacrónica del texto, a la que se han opuesto los mismos contemplativos. Se trata de subrayar como eje de la vida cristiana la atención a Dios, la escucha de la Palabra: «En esto consiste la vida eterna: en que te conozcan a ti, único Dios verdadero…».


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