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Testimonios vocacionales

16/01/2014

Sal de tu tierra

P. Miguel CARMEN HERNÁNDEZ

P. Miguel Carmen Hernández, ssp

 

 

¡Hola! Me llamo Miguel Carmen Hernández y soy sacerdote paulino. Me gustaría compartir con vosotros mi experiencia contándoos algunos datos sobre mi vida y sobre mi llamada vocacional.

 

Nací en un pequeño pueblo de Guanajuato (México), en el seno de una familia de profundas raíces cristianas. Mis padres me educaron desde pequeño en la fe y me animaron a recibir y frecuentar los sacramentos.

 

Haber ingresado en la Sociedad de San Pablo ha sido una experiencia fundamental en la que he ido descubriendo la acción de Dios en mi vida. En Gén 12,1 podemos leer: «Yavé dijo a Abrán: “Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y ve a la tierra que yo te mostraré”». Como para Abrahán, ingresar en la Sociedad de San Pablo también supuso para mí salir de mi tierra a todos los niveles, tanto exterior como interiormente, para caminar hacia el proyecto de Dios; proyecto que poco a poco se ha ido esclareciendo y en el que los acontecimientos más importantes en mi vida (primera profesión, profesión perpetua, ordenación sacerdotal) no solo han sido un punto de llegada, sino también de partida.

 

Las palabras «Sal de tu tierra», se han convertido para mí en una llamada constante, ya que, cuando se decide seguir a Cristo, el ser humano tiene la exigencia radical de salir continuamente de sí mismo, de aban-donarse, de vaciarse de sí, para que sea Cristo mismo quien actúe en la persona. Ingresé en la Sociedad de San Pablo en agosto de 2001, después de mi formación inicial en las ciudades de Guadalajara y el Distrito Federal. Hice el noviciado en el año 2007, en Medellín, Colombia, la primera profesión en 2008 y la profesión perpetua en 2013. Por la gracia de Dios fui ordenado sacerdote el 26 de noviembre de 2013.

 

Así pues, ingresar en la Sociedad de San Pablo ha sido algo fundamental en mi vida, ya que muchas de las experiencias que he vivido a lo largo de este caminar, desde mi ingreso hasta mi ordenación sacerdotal, han supuesto un abandono y también un encuentro con nuevas y fecundas experiencias que me han permitido crecer más en la fe y en el seguimiento de Cristo. Ser paulino me ha servido para recordarme que, como cristiano y religioso, no puedo ni debo instalarme cómodamente en un lugar y tiempo, sino que debo estar siempre en camino, como dice san Pablo, lanzarme siempre hacia delante, hacia el futuro, olvidando lo que se deja atrás, para conseguir el premio conseguido en Cristo (cf Flp 3,13-14).