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Testimonios vocacionales

13/01/2014

Discípulo del Divino Maestro

Hno. José Ignacio PEDREGOSA ORDÓÑEZ

Hno. José Ignacio Pedregosa

 

Yo conocí a los Paulinos en Sevilla, cuando todavía la Librería San Pablo estaba situada en un pequeño local en el número 17 de la calle Sierpes. Algo en aquella Librería me llamó la atención, o más bien alguien, aquellas personas que atendían en aquel lugar. No eran unas personas cualquiera, tenían un no sé qué distinto: su amabilidad, su sonrisa, su alegría, su saber estar... Al cabo de un tiempo descubrí que aquellos hombres eran religiosos.
Alguno de ellos también se dio cuenta de que yo frecuentaba la Librería y comenzó a invitarme a su comunidad.

 

Me sorprendió muchísimo que, cuando salían de trabajar de la Librería y volvían a su casa, se reunían en la pequeña capilla de la comunidad para adorar al Santísimo y rezar Vísperas. Es decir, hacían de su misión y de su vida oración, y a su oración llevaban su misión y su vida. Eran contemplativos en la acción. Y aquello me gustó. Así que en un cierto momento decidí ingresar en aquella comunidad.

 

Actualmente soy Discípulo del Divino Maestro, que es como se llama a los hermanos en la Sociedad de San Pablo (Paulinos). A lo largo de 25 años más o menos he ido aprendiendo a difundir el Evangelio con los medios modernos de comunicación, pero imprimiéndole a esto una mística. Desde mi ser laical y mi consagración he ido descubriendo el valor de la predicación instrumental, por medio del libro, de la película, de la música, de la web, del blog... convenciéndome de que es verdadera predicación y que con ella puedo llevar el Reino de Dios a personas que ni siquiera pisan la Iglesia. En la cultura de la comunicación yo soy un eslabón importante para vivir y dar al mundo a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Porque de eso se trata, de dar al Cristo Integral a todo el ser humano completo en el mundo de la comunicación. Esto que he vivido y vivo yo lo han vivido otros y lo seguirán viviendo más. En este año de 2014 cumplimos 100 años desde que el beato Santiago Alberione comenzó esta obra. Con la ayuda de Dios, la protección de María, Reina de los Apóstoles y tras las huellas de san Pablo continuaremos llevando el Evangelio a los hombres de hoy con los medios de hoy.