logo san pablo
Cabecera Inicio
Temáticos

Testimonios de hoy

UNA FAMILIA CRISTIANA. Agapito Aliende

Una aventura que está en manos del Señor

En los tiempos que corren se habla mucho de la familia, y de las distintas clases de familia. Se dice que es muy arriesgado formar una verdadera familia. Hay miedo a tener hijos, incluso en familias cristianas, porque «la vida está muy mal para criarlos bien». Hoy nos encontramos con una familia cristiana, joven, con ocho hijos, con edades que van desde los dieciocho años del mayor a los dos del benjamín, Miguel.

Pedro y Maite viven en Nules (Castellón) con sus ocho hijos. Pertenecen al Camino Neocatecumenal. Aprovechando su estancia en el Encuentro de Familias en Santo Domingo de Silos (Burgos) les hicimos algunas preguntas.

- ¿Cómo os conocisteis?

Pedro: Cuando conocí a Maite no era consciente de lo que es el matrimonio ni su significado. A pesar de que mis padres estaban en la Iglesia de un modo serio, yo no era practicante. Recuerdo que un día fui con mis padres a la celebración de la eucaristía, y allí conocí a Maite. Al verla, pensé: «Esta chica es para mí?» Así ha sido.

Maite: Nos presentó mi suegra. Al principio salimos con la pandilla de gente joven; luego nos planteamos salir más en serio. Vivíamos en poblaciones distintas, separadas por tres kilómetros? Pedro subía con una moto Vespa a verme.

- ¿Cómo fue vuestro noviazgo? ¿Lo recordáis?

Pedro: Tuve que presentarme a sus padres y pedir permiso a mi suegro para salir con su hija. Afortunadamente, me lo concedió.

Maite: Fue un noviazgo corto, de dos años, ya que veíamos que un período más largo nos llevaría a tener relaciones prematrimoniales, y queríamos preservar la sexualidad para el matrimonio. El Señor nos ayudó en ese tiempo, y esa continencia nos ha ayudado después en la vida conyugal. Al principio del noviazgo tuvimos ciertas diferencias por el tema de la fe. Invité a Pedro al primer «Encuentro Mundial de la Juventud», en 1984, pero no quiso venir; así que le dije: «Ahí te quedas, yo me voy a Roma...»

Pedro: Yo no podía entender por qué era tan importante para Maite asistir a las reuniones de la parroquia, en cierta manera me sentía celoso. Yo no frecuentaba la iglesia. Finalmente, nos casamos.

- ¿Cómo vivisteis los primeros años de matrimonio?

Maite: Los primeros meses fueron de color rosa... pero al poco tiempo se produjo un distanciamiento. Vivimos una crisis provocada por la distinta visión que teníamos de la fe. Pedro seguía sin ir a la iglesia, y yo sabía que, sin la fe, no podríamos subsistir como personas ni como pareja. Mi ideal era un matrimonio cristiano, donde hubiera oración y comunión... Por entonces ya estaba embarazada de nuestro primer hijo, Pedro.

Pedro: Iniciamos un período de búsqueda de soluciones. Los padres de Maite nos hablaron de los encuentros matrimoniales, una iniciativa muy extendida por Valencia. Asistimos un fin de semana a una convivencia con otras parejas casadas. A partir de aquel momento volví a la práctica religiosa. Maite: La verdad es que nos embarcamos en esa aventura de la familia cristiana, abierta a la vida, y tuvimos cinco hijos de manera bastante seguida. Aunque no todo fueron alegrías en ese tiempo.

- ¿A qué os referís?

Pedro: A los tres años de casados me diagnosticaron una necrosis en la tibia, lo que me causó mucho sufrimiento, con dolores y sin solución médica. En esos años nacieron David, María y Marta. La situación fue volviéndose más angustiosa, con la posibilidad de perder una pierna. Al final, tuvimos acceso a un hospital de Barcelona, donde un cirujano experto me detectó un quiste en la rodilla, que era el origen de la dolencia. Afortunadamente, no era necrosis; me extirparon el quiste y la mejoría fue inmediata. Pero la cosa no acabó ahí. A los pocos días una peritonitis aguda casi acaba conmigo. Para acabar de rematar la situación, en esa época cambié de trabajo con la esperanza de mejorar; no resultó bien, y estuve tres meses en el paro. Pero el Señor nos cuidó y no nos faltó de nada. Maite: En todos estos acontecimientos siempre hemos visto la mano del Señor. Teníamos ya cinco hijos, y nuestra mayor alegría era estar con ellos. Pedro: En los largos períodos de hospitalización en Barcelona, mi consuelo y mi fuerza era el contacto telefónico con mis hijos.foto familiar

- Sin duda, el tema económico se ve afectado por el número de hijos. ¿Cómo lo lleváis?

Maite: Siempre hemos ido bastante ajustados, pero muchas veces amigos, vecinos, familiares? nos han dado ropa, calzado, comida? y no hemos necesitado comprar tantas cosas. De hecho, hace dos años hemos podido adquirir un piso, que es casi un milagro. Recuerdo que a la hora de formalizar el contrato necesitábamos seis mil euros en veinticuatro horas, y un familiar nos los dejó con admirable disposición, sin darle importancia.

Pedro: Yo intento redondear el sueldo con algunos trabajos sueltos que me van saliendo. Además, como dice Maite, la gente se porta bien con nosotros, nos dan de todo? Hace poco tuvimos que cambiar algunos electrodomésticos, y cuando fuimos a pagarlos, ya se nos habían adelantado. Anécdotas de esas tenemos muchas. Tras todas ellas experimentamos que, efectivamente, el Señor provee.

- ¿Qué tal la convivencia con los vecinos? Con tantos niños...

Maite: Hemos tenido mucha suerte con los vecinos, la verdad. Nosotros hemos buscado siempre un primer piso, porque nos parecía mejor para los niños, por el tema del ascensor y de no molestar a los vecinos del piso inferior. El edificio donde vivimos actualmente tiene sólo dos viviendas, por lo que la convivencia es más sencilla. Siempre nos han visto como una fuente de alegría, y han aceptado a nuestros hijos. De hecho, cuando estamos de vacaciones nos llaman para preguntar cómo estamos, y nos dicen que la calle se ha quedado vacía, sin niños.

Pedro: Cuando los niños mayores iban creciendo, vimos la necesidad de cambiar de población y, desde Alfondeguilla nos fuimos a Nules. Fue una apuesta arriesgada, ya que nos metimos en una vivienda de alquiler, en un pueblo más grande, y tuvimos que escolarizar a los hijos, hacer el traslado... Pero no nos arrepentimos, nos sentimos más libres ahora.

- ¿Cómo es un día normal en vuestra casa, con diez personas?

Maite: Pedro y yo empezamos el día con la oración de la mañana. Después vienen las prisas por vestirse, el desayuno, el colegio o el instituto. Es una tarea de todo el día: con los deberes, con el orden de las habitaciones y, además, la educación en valores, sobre todo en compartir, que les cuesta a todos. A veces, pienso que mis hijos tienen vocación de hijos únicos, pero la realidad es que son ocho hermanos y han de convivir, respetarse y, cuando se equivocan, pedirse perdón y reconciliarse.

Pedro: Por mi parte, cuando llego a casa, intento ocuparme de los deberes de los pequeños, echar una mano en lo que puedo? Con los mayores es más difícil: se trata más de hablar con ellos y llegar a acuerdos. El mayor tiene dieciocho años y va a entrar en la universidad; el pequeño ha cumplido dos años, con lo que hay mucha diversidad de edades. Los mayores han aprendido a cooperar en las tareas y a ayudar a los pequeños.

Maite: También es complicado fijar un rato al día para dialogar o reflexionar; se trata más de abordar los problemas cuando salen.

Pedro: Los horarios, no puede ser de otra manera, también son flexibles y se adaptan a las necesidades de todos. Si no, acabas desquiciado. Nosotros no necesitamos practicar deportes de riesgo: el día a día es ya una aventura. Nunca sabemos cómo terminará el día.

- ¿Os ha ayudado durante estos años estar en la comunidad?

Pedro: Nos ha ayudado a vivir la fe y a madurar en nuestro matrimonio. Así como antes yo no quería saber nada, ahora no lo cambio, pues me está enseñando a educar a mis hijos y a vivir cristianamente. No soy una persona preparada, ni tengo una gran cultura, pero la Iglesia me da una sabiduría nueva, que viene del Señor.

Maite: Mi vida tiene color por estar en la Iglesia. A veces experimento momentos de impotencia; pero veo que la familia la lleva el Espíritu Santo. Podemos hablar a nuestros hijos con verdad y en libertad. La oración de los domingos, en laudes, es un momento privilegiado para hablar con ellos e ir educándoles en la Palabra de Dios, que ilumina nuestras vidas.

Pedro: La Iglesia es luz para el mundo, especialmente hoy, en el ambiente no cristiano o abiertamente anticristiano que se vive. Es complicado sobre todo para los hijos mayores, que viven en su época, y ello les obliga a ir a contracorriente, siendo cristianos en un ámbito a veces hostil.

Maite: Además, vemos que otras familias tienen los mismos problemas, y se comparten las experiencias: eso enriquece y enseña. Pero es sentirse querido por Dios lo que nos da fuerzas para continuar.

Pedro: Un día mi mujer vio un anuncio de un encuentro misionero en Santo Domingo de Silos (Burgos). Nos fuimos casi a la aventura, con cinco hijos. Ya llevamos nueve años. Nos sirve para compartir experiencias con familias de otros movimientos, de otros lugares, en comunión eclesial, formándonos en diversos temas.foto 1

Maite: Los niños ven que no están solos como cristianos. Además, pasan unos días sin televisión, con monitores, jugando, orando y conviviendo todo el rato.

- Suponemos que siempre habrá problemas, pero ¿qué es lo que más os ha hecho sufrir con respecto a vuestros hijos?

Pedro: Ha sido con nuestro hijo pequeño, Miguel. A causa de una bacteria que le atacó durante el embarazo, se le desarrolló, nada más nacer, un cuadro de infecciones que le afectó al hígado, los riñones, los ojos, los oídos... los pulmones tampoco estaban bien formados. Estuvo un mes entero en la UCI infantil; creíamos que se moría. Nació en martes santo, por lo que vivimos nuestra particular semana de Pasión. Fueron días muy duros. Íbamos a verle a la incubadora y no se movía, y cada día el parte médico se agravaba... A las tres semanas empezó a reaccionar, a los 18 días pudimos tocarlo y hablarle, y al mes de nacer pudimos llevarlo a casa.

Maite: Aunque teníamos ya siete hijos, su vacío era muy grande. Nos sentíamos muy ayudados por la oración de la Iglesia, y sabemos que la Virgen lo cuidaba y lo llevaba en brazos cuando nosotros no podíamos hacerlo.

Pedro: Todo el pueblo conocía a Miguel, sin verlo, ya que un sacerdote amigo de la familia ofrecía la misa por su curación. Ahora no tiene ninguna secuela; al contrario, está la mar de despierto, y es un niño tremendo.

Maite: Y todos los hermanos quieren cuidarle, ducharle, pasan a darle el beso de buenas noches...

- ¿Qué futuro veis para vuestros hijos?

Maite: La corriente mayoritaria no sigue la doctrina de la Iglesia, parece algo superado; pero no es así. Nuestros hijos han de vivir en este mundo. Acertarán, se equivocarán, pero el Señor hará una historia con ellos, cuidará de ellos como hace y ha hecho con nosotros y nuestra familia.

Pedro: Podemos orientarles, pero no obligarles a que compartan nuestra visión del mundo, ya que a cierta edad disponen de libertad. Lo que queremos es que la usen con responsabilidad. El mayor tesoro que les podemos dejar es que estén dentro de la Iglesia. Maite: Sabemos que Jesucristo está vivo y les quiere. Después, cada hijo lleva su camino: Pedro, el mayor, va a estudiar magisterio musical, y está en quinto curso de grado medio de percusión. En cambio, Josué, el segundo, está trabajando y le gusta lo que hace. De los demás, Dios dirá. De momento estudian, unos con dificultades, con facilidad otros...

- ¿Qué les diríais a las familias que lean esta entrevista?

Pedro: La verdad es que no nos sentimos con autoridad para enseñar nada a nadie. Creo que ha quedado claro que nuestra vida es una aventura, y que está en manos del Señor. Nos hemos fiado de Él y no nos ha defraudado. Es todo lo que puedo decir.

Maite: Todo lo hemos hecho con la ayuda de Dios y de la Virgen, no tenemos ningún mérito. La familia la lleva el Señor a través de su Espíritu, en el seno de la Madre Iglesia, que nos enseña a vivir y a educar a nuestros hijos.

Síguenos en: youtube facebook twitter blogger Blog
Editorial

Campañas
Noticias y eventos
Promociones
Presencia WEB
Portal Música

Librería online

Campañas
Música
Vídeo / DVD
CD-Rom
Objetos litúrgicos
Contacto
Encontrar tienda

Quiénes somos

Fundador
Sociedad San Pablo
Familia Paulina
Publicaciones
Noticias

Mi San Pablo

Página personal
Cesta de compra
Ayuda
Registrarse

San Pablo

Editorial
Librería online
Quiénes somos

Información

Buscar contenido
Búsqueda avanzada
Aviso legal
Contactar
Encontrar librería

(c) 2012 San Pablo Comunicación | Desarrollo Web Factor Ideas