
Santiago Alberione nació el 4 de abril de 1884 en San Lorenzo di Fossano, un pueblecito del norte de Italia. Siendo adolescente, entró en el seminario de Alba, donde, la noche que separaba los siglos XIX y XX, durante una prolongada adoración eucarística, vivió una intensa experiencia espiritual. Comprendió con mayor claridad la invitación de Jesús: «Venid a mí todos...» (Mt 11,28), y sintió con fuerza la urgencia de «hacer algo por Dios y por los hombres del nuevo siglo, con quienes había de vivir».
La gradual iluminación de lo alto, acogida con su característico estilo de oración contemplativo-apostólica, le permitió formular una rica espiritualidad, centrada en Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, según lo interpretó el apóstol Pablo y a la luz de María, Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles.
Al mismo tiempo, advirtiendo que las masas cristianas se alejaban cada vez más de la Iglesia, el P. Alberione maduró el convencimiento de que a las personas hay que encontrarlas donde viven y se reúnen habitualmente, utilizando para ello los medios más rápidos y eficaces que el progreso humano proporciona para la comunicación de las personas.
Comenzó con la promoción de la «buena prensa», a la que posteriormente añadió la radio, la televisión, los discos, los minimedios..., con la perspectiva de utilizar cualquier otro medio que el progreso técnico y científico ponga a disposición.
En el origen de la existencia y de la misión de la Familia Paulina está el proyecto unitario del P. Alberione: cada una de las instituciones contribuye, con su apostolado específico, a dar a la humanidad de hoy toda la Persona de Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida.
Concluyó su existencia terrena el 26 de noviembre de 1971, tras recibir la visita y la bendición del papa Pablo VI. El 27 de abril de 2003, en la Plaza de San Pedro, Juan Pablo II lo elevó a los altares proclamándolo beato.