Beato Santiago Alberione

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El Fundador de la Sociedad de San Pablo y de toda la Familia Paulina, el P. Santiago Alberione. Desde su más tierna edad se propuso hacer algo por los hombres de su tiempo, lo que materializó fundando una congregación –germen de toda una familia religiosa– para ofrecer su granito de arena en la construcción de la Iglesia, al servicio de la sociedad. Nacido el 4 de abril de 1884 en San Lorenzo de Fossano (Cúneo-Italia), Santiago era el quinto de siete hijos en el seno de una familia campesina. Estudia bachillerato en el seminario de Alba (Piamonte, Italia) y, en la noche que dividía los siglos XIX y XX, mientras rezaba con otros seminaristas, se comprometió a fondo con su vocación. Terminados los estudios de Teología, es ordenado sacerdote (2 de junio de 1907) y, bien asesorado por su director espiritual, el canónigo Francisco Chiesa, comienza su aventura de Fundador. Su parroquia sería el mundo, y sus medios, los más rápidos y eficaces que ofreciese el progreso, empleados todos para anunciar el Evangelio.

Firmemente apoyado en Italia, y después por el mundo entero, hasta que en 1934 convence a uno de sus primeros seguidores para que venga a España, a fundar la Sociedad de San Pablo. El P. Alberione, prosiguiendo incansablemente su obra fundacional a lo largo de casi medio siglo, dejó una amplia Familia Religiosa antes de partir a la casa del Padre, el 26 de noviembre de 1971, a la edad de 87 años. El 28 de junio de 1969, en audiencia especial concedida por Pablo VI a la Familia Paulina, durante la cual impuso al P. Alberione la insignia «Pro Ecclesia et Pontifice», el Papa dijo de él: «Miradlo, ahí lo tenéis, humilde, silencioso, incansable, siempre vigilante, siempre centrado en sus pensamientos, que van de la oración a la acción, siempre atento a discernir los signos de los tiempos».

Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar amplitud a su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez de su misión para evangelizar el mundo moderno con los medios modernos. Permita, querido P. Alberione, que el Papa disfrute de esta larga, fiel e infatigable tarea, que ha producido muchos frutos para gloria de Dios y bien de la Iglesia.

Juan Pablo II beatificó al P. Alberione en Roma el 27 de abril de 2003.