
Nos fundó el P. Santiago Alberione quien, durante la adoración eucarística de la noche que marcaba el comienzo del siglo XX, se sintió obligado a hacer algo por Dios y por los hombres de su tiempo, e intuyó que en el nuevo siglo personas generosas sentirían lo que él sentía. Fascinado por el amor y la actividad de san Pablo, el beato Santiago Alberione nos señaló al Apóstol como modelo, como «nuestro padre espiritual y nuestro verdadero fundador». Por eso nos llamamos «Paulinos».
Vivimos en comunidades religiosas para continuar unidos la misión que Cristo encomendó al Apóstol: «Ve, que eres el instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a todos los pueblos». Como san Pablo, somos mensajeros de la Palabra de Dios para los hombres de hoy con todos los medios de comunicación social.
Unidos por una única misión, nuestras comunidades están formadas por religiosos sacerdotes y religiosos laicos, llamados éstos «Discípulos del Divino Maestro».
Nuestra misión de apóstoles modernos nos compromete a anunciar a Cristo como único Maestro, el Camino que conduce a la Verdad y da la Vida. Para que el amor de Dios pueda llegar al corazón de cada hombre, transformamos el mensaje contenido en la Biblia, palabra de Dios siempre joven, en programas de televisión y de radio, en audiovisuales y vídeos, en libros, revistas y páginas hipertextuales.
Nuestro Fundador nos ha animado a intervenir en los problemas de la sociedad actual aportando el pensamiento de Cristo y la enseñanza de la Iglesia. «¡Hablad de todo, pero cristianamente!». Nos ha encomendado los mismos horizontes misioneros del apóstol Pablo: «Vuestra parroquia es el mundo entero». Nos ha recomendado que tengamos en cuenta la invitación de Cristo: «Lo que habéis oído con vuestros oídos, predicadlo desde los tejados».
Estamos presentes con nuestras comunidades y centros apostólicos en 37 países.
¡Por amor! Para «hacer a todos la caridad de la Verdad». El amor a Cristo y a la Iglesia, la contemplación orante, la consagración religiosa, la vida fraterna en comunidad, nuestra preparación apostólica y la «llamada» divina nos hacen ministros, maestros y testigos de Dios Trinidad en el mundo de la comunicación.
Para calificar el apostolado de las ediciones como "predicación" en sentido pleno, el Fundador esbozó una teología de la comunicación utilizando los términos "editar, editor, editorial, edición, ediciones".
Según los análisis efectuados en todos los ámbitos, nacionales e internacionales, por estudiosos y expertos, está acabando una historia de Occidente, una época de la civilización europea, que recibe el nombre de modernidad y que se ha denominado el fin de la multiculturalidad. El gran desafío de nuestros días es el paso de la modernidad a lo posmoderno. Se llama posmoderno por venir después de lo moderno, pero estamos aún en fase de evolución; nadie sabe definir aún qué es lo posmoderno. Tres apartados conforman el tema: las nuevas dimensiones históricas, las nuevas dimensiones culturales y las nuevas dimensiones teológicas y espirituales.
Jesucristo se autodefinió así en el Evangelio según san Juan: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida»; y «Yo soy el buen Pastor». Y cuando sus discípulos lo reconocen como Maestro, él lo confirma: «Vosotros me llamáis “El Maestro”..., y decís bien, porque lo soy».
En el primer Capítulo General de la Sociedad de San Pablo, que tuvo lugar en el año 1957, y que es el primer balance solemne de nuestra Congregación, su primera toma de conciencia, el Padre Alberione afirmaba: «Hay que hacer saber que la Sociedad de San Pablo no apareció en el mundo sin saber lo que tenía que hacer, sino que tiene algo propio que decir al mundo. Y esto se recoge bien precisamente en la expresión “Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida”, y después en la palabra “Maestra”, que es María, y en “Madre Maestra”, que es la Iglesia» (Actas I Cap. Gral. 1957, p. 16).