Fuente que no se agota
Imaginemos un pozo de agua fresca que siempre mana. Una y otra vez acudimos a él con compañías distintas y en circunstancias diversas. Una vez vamos solos, porque necesitamos reconfortarnos en silencio y pasar un largo rato escuchando el murmullo del manantial antes de beber. Otras veces vamos con gente amiga, con merienda. Al llegar todos se acercan a beber, en su espacio verde y fresco reposamos, y antes de partir volvemos a echar el último trago. A los salmos se puede ir solo o en compañía para disfrutar, reposar, refrescar, saciar... Es fuente que no se agota; es manantial que no pertenece a nadie porque es de todos. Ha saciado a multitud de generaciones y está llamado a seguir saciando a quien quiera acercarse a él.
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