La Palabra va al exilio
Los profetas no son intercambiables. No es lo mismo escuchar a un Jeremías confesando a voz en grito la palabra de Dios que arde en su pecho y que no puede callar, que a un Ezequiel, complejo, brillante, críptico. Todos son portavoces de Dios y todos hablan al hombre. Su voz es actual porque el corazón humano torna una y otra vez a caer en las tentaciones de las idolatrías, de las opresiones, de las burlas de los pobres. Su voz es actual porque, ayer como hoy, Dios se posiciona. No puede estar con el que pisa al débil ni puede consentir que su pueblo sea pasto de gobernantes que lo llevan a la ruina. La voz de Dios es voz de vida, de esperanza, de futuro. Jeremías vivirá la tensión de la llamada; Ezequiel dará alas al pueblo. Dios habla claro, su voz es nítida; hace falta querer escucharla.
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