La biblia griega de los Setenta (LXX)
Quizá a algunos se les haga demasiado larga la transición entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Lo puedo entender. Sin embargo, no podemos comprender bien la novedad que supone el Nuevo Testamento respecto del Antiguo (novedad sin romper con la continuidad) si prescindimos de una serie de acontecimientos fundamentales. ¿Alguna vez se ha preguntado usted qué Biblia leían los primeros cristianos? Seguro que pensará que «la única que había». La cosa es un poco más compleja. En las Sinagogas de Galilea y de Judea se leían los textos hebreos, y en muchos sitios su correspondiente «traducción ampliada» al arameo ?lengua popular?, lo que conocemos como Targum. Pero, ¿qué Biblia se leía en las Sinagogas de los países donde se hablaba griego? El punto es fundamental, pues dos siglos antes de Jesucristo, en la ciudad egipcia de Alejandría se había comenzado una traducción de la Biblia. Tal como suena; una traducción del hebreo al griego, para que los judíos de aquellas comunidades la pudieran leer y comprender. Los evangelistas, san Pablo, los primeros documentos cristianos, están escritos en griego, y cuando citan el Antiguo Testamento lo citan de la Biblia griega. Sustancialmente es lo mismo, pero a veces los traductores modificaban ligeramente el texto. Es más ¿sabía que libros como el de la Sabiduría o el de los Macabeos no proceden de la Biblia hebrea, sino de la griega? Para comprender bien el mensaje del Nuevo Testamento es imprescindible leer y conocer el Antiguo Testamento transmitido en hebreo, pero sin dejar de mirar con seriedad la versión griega que ha llegado a nosotros.
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