El Nuevo Testamento en su contexto literiario
Probablemente este capítulo no gustará a muchos lectores. Es más, preguntarán a qué viene darle tanta importancia a unos escritos que «no son nuestros». A modo de justificación, sin que suponga llegar a convencer, se me ocurren varias razones. Si el lector de estas páginas ha tenido la dicha de ir a Tierra Santa, al llegar a Cafarnaún le habrán explicado que Jesús proclamó en la Sinagoga la lectura del profeta Isaías. El guía también les pudo comentar que los textos bíblicos estaban escritos en hebreo, pero que la gente hablaba arameo. El Targum es una traducción de la Biblia hebrea al arameo para que el pueblo lo pudiera entender. Los fariseos y los escribas de la Ley buscaban
con frecuencia a Jesús para ponerle dificultades e incluso trampas. La vida de los judíos piadosos estaba marcada por multitud de normas. La Ley de Moisés se mostraba con frecuencia imprecisa o insuficiente, y los piadosos preguntaban a sus maestros de la Ley: ¿cómo sabemos exactamente lo que debemos hacer? Ellos respondían con nuevas aplicaciones. Es lo que se llama «midrash halákico». Pero la vida religiosa de un judío no está hecha sólo de normas. Necesita relatar las acciones de Dios. Una hermosa y profunda narración nos ayuda a comprender mejor la voluntad y la obra de Dios. Dios está presente en la vida y en la historia, más allá de las normas. El pueblo judío escribía unas narraciones de fondo histórico llenas de fe en la acción de Dios que se conocen como «midrash hagádico».
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