Judaísmo y Nuevo Testamento
Hemos insistido varias veces en la importancia que tuvo el exilio para el pueblo judío y, consecuentemente, para la formación de sus Escrituras, la Biblia. A la vuelta del destierro ya nada fue como antes. Estos cambios se van a notar no sólo en la política (ausencia de monarquía), sino en la vida social (la observancia de la Ley ocupa un lugar central, por lo que con el tiempo se transformará en «libro», en «Biblia») y religiosa (aparece la Sinagoga y el Sábado). Es una auténtica revolución interna la que tiene que hacer el pueblo de Israel, permaneciendo fiel en lo esencial pero evolucionando y adaptándose a las nuevas circunstancias. Es todo un movimiento que, con el tiempo, se conocerá como «judaísmo». Nos interesa de forma especial su relación con el Nuevo Testamento, pues el cristianismo
tiene un «origen judío», una «matriz judía». Desconocer
el judaísmo es cerrarnos las puertas a conocer plenamente el cristianismo. Jesús, la Virgen María, los apóstoles? iban a la Sinagoga y participaban de sus liturgias, rezaban con los salmos, celebraban la Pascua, iban a Jerusalén en las otras fiestas de peregrinación...
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