SAN PABLO. Comunicando valores al servicio de la verdad
Nuestra historia en España es aún breve, pues comenzó en 1934; veinte años antes había comenzado en el norte de Italia, así es que apenas alcanzamos los 77 años. Nuestra realidad actual es modesta, pero siempre dispuesta a progresar y “lanzarse adelante”. En SAN PABLO España trabajamos 130 personas (entre Paulinos y colaboradores). Ofrecemos un catálogo con 2.000 títulos (libros y productos multimedia), apostando principalmente por la difusión de la Biblia, temas familiares, programas escolares (religión y música) y catequesis para las parroquias, así como una nutrida colección de diccionarios, atlas bíblicos y otras obras de referencia en espiritualidad y teología, comunicación y valores.
Esta consideración puede servir para encuadrar la historia de la Sociedad de San Pablo (Paulinos) en España. Conviene fijar bien los puntos-clave para apreciar mejor el desarrollo de los acontecimientos vividos por un grupo de personas dedicadas a proclamar el evangelio con los medios técnicos más modernos.
La tradición es el bagaje de vida que una generación pasa a quienes vienen detrás con ánimo de continuar el camino emprendido, y cumple dos funciones sociales: en primer lugar suscita grupos y continuidad, y después marca orientaciones, ofreciendo modelos de percepción, pensamiento y actuación. El poeta expresaría esto diciendo que “se hace camino al andar”. Esta realidad es particularmente evidente en las Congregaciones religiosas, en nuestro caso la Sociedad de San Pablo, conocida también como “Paulinos”, y desde su tarea específica como SAN PABLO, editorial católica que difunde los valores humanos y cristianos con todos los medios modernos a su alcance. Por supuesto, siguiendo el surco de la herencia recibida del Fundador, el beato Santiago Alberione (1884-1971), y ratificado por la Iglesia (Vaticano II -1962-1965- en el decreto “Inter Mirifica”, sobre los medios de comunicación social) que han marcado el primer impulso a nuestra realidad institucional: “Llevar la Palabra de Dios a los hombres de hoy con los medios de hoy”.
Nuestra historia en España es aún breve, pues comenzó en 1934; veinte años antes había comenzado en el norte de Italia, así es que apenas alcanzamos los 77 años (que para un colectivo significan poco más que la adolescencia en la vida de un individuo); a grandes rasgos, señalamos a continuación algunos hitos de este recorrido que, a veces, se ha proyectado como crecimiento y progreso y, otras, se percibe como un cierto repliegue, muy parecido a cuanto sucede en la vida.
El lema del Fundador, tomado del apóstol Pablo, fue siempre marcadamente ambicioso: “Me lanzo adelante”, mirando la meta que se desea alcanzar. Visto así, el pasado es ejemplo, no memoria que consuele en el ocio. Y el padre Alberione nunca permitió que sus hijos se durmiesen en los laureles. A partir de 1914, en que arraiga y empieza a germinar la semilla, no le faltaron al Padre Alberione retos y desafíos, conflictos y tropiezos, que hubo de afrontar abriéndose paso entre los descreídos de todos los colores que le rodeaban.
Así nos situamos en el proceso de expansión de la Congregación por todo el mundo, tocándole el turno a España en el año 1934. El desarrollo de SAN PABLO coincidió prácticamente con el inmediato período de la posguerra. Tiempos duros para todo y para casi todos. A nivel editorial se comenzó con pequeños folletos, libritos de catequesis y pastoral, algunas novelitas insignificantes, poquita cosa para responder a los grandes ideales que latían en el corazón de los primeros Paulinos. Ya entrados en la década de los 50 y 60, aunque no se habían esfumado las dificultades, las oportunidades eran más prometedoras. Sobre todo en la realidad eclesial, algo muy importante empezaba a gestarse, culminando con la celebración del concilio Vaticano II. Por aquel entonces, SAN PABLO gestionaba sus propias imprentas, las publicaciones se multiplicaban, comenzó la distribución de películas (paso 16 mm.), se editaba la revista mensual “Familia Cristiana” con muy buena aceptación, y las iniciativas se fueron incrementando con apertura de nuevas librerías y publicaciones de difusión masiva.
En otras vertientes, SAN PABLO no escapó al desconcierto político, religioso y social de aquellos años. El distanciamiento entre religión y sociedad progresó a pasos agigantados: “España se durmió cristiana practicante y parece haberse despertado indiferente”. En pocos años esta cita del profesor Juan Mª Laboa se quedaría anticuada. Estamos en la década de los años 70 y 80 y ya podemos hablar de una vorágine en nuestro devenir político, religioso y social, y no es que haya sido todo para mal, ni mucho menos, pero sí parece cierto que nos impusimos unas velocidades de vértigo. Y en ello estamos. Aquí se encuentra también SAN PABLO, con nuestros ideales intactos ”llegar con el evangelio a los hombres de nuestro tiempo con los medios de nuestro tiempo”. No somos los únicos y seguramente tampoco los mejores, pero sí podemos estar orgullosos de haber contribuido al alumbramiento eclesial de las nuevas parroquias de papel, sonido, imagen, pixel y virtualidad digital en general. Seguiremos anunciando la Buena Nueva a través de todos estos inventos modernos, y de cuantos vayan llegando.
Nuestra realidad actual después de estos 77 años es modesta, pero siempre dispuesta a progresar y “lanzarse adelante”. En SAN PABLO España trabajamos unas 130 personas (entre Paulinos y colaboradores). Ofrecemos un catálogo con 2.000 títulos (libros y productos multimedia), apostando principalmente por la difusión de la Biblia, temas familiares en general, textos escolares (religión y música) y otros auxiliares, literatura infantil y juvenil y catequesis para las parroquias; así como una nutrida colección de diccionarios, atlas bíblicos y otras obras de referencia en espiritualidad y teología, comunicación y valores. Mantenemos en todo el mundo la marca SAN PABLO (PAULUS) que, entre todos, nos ayudáis a valorar como bien posicionada, y con una buena imagen corporativa para las tareas que nos ocupan. Gracias a cada uno de vosotros que nos habéis permitido y ayudado a llegar hasta aquí. Por nuestra parte, damos por buenos todos los esfuerzos con tal que nuestro mensaje llegue a todos los destinatarios y contribuya a hacer Iglesia.