Evangelizar hoy con alegría

El nuevo Consejo General de la SSP, que acompañará al P. Valdir José de Castro, quedó constituido de la siguiente forma: P. Jose Pottayil, indio de 63 años, hasta ahora Director General de Apostolado de la Provincia India-Nigeria-Gran Bretaña-Irlanda; P. Vito Fracchiolla, italiano de 68 años, hasta ahora Superior de la comunidad de Milán (Italia), y Secretario ejecutivo del Grupo Europa-Congo; Hno. Luigi Bofelli, italiano de 64 años, hasta ahora auxiliar del Economato General; P. Celso Godilano, filipino de 58 años, hasta ahora Vicario General; P. José Salud Paredes, mexicano de 61 años, repite mandato como Consejero General; Hno. Darlei Zanon, brasileño de 36 años, hasta ahora Director Editorial de PAULUS Portugal. Concluida la elección del Consejo General, de acuerdo con lo previsto en la normativa de los Paulinos, el P. Vito Fracchiolla fue elegido Vicario General.


La Asamblea Capitular aprobó también los objetivos, las prioridades y las líneas de acción para el próximo sexenio (2015-2021). Asimismo antes de concluir las sesiones del X Capítulo General, se aprobó una Declaración capitular, de 10 puntos, titulada: Evangelizar hoy con alegría como apóstoles comunicadores y como consagrados, cuyo contenido es el siguiente:

 

 

 

Evangelizar hoy con alegría


1. Desde los orígenes de nuestra Familia religiosa, el Magisterio de la Iglesia ha iluminado nuestro carisma. A los cien años del nacimiento de la Sociedad de San Pablo, acogemos con gratitud la exhortación Evangelii gaudium del Papa Francisco, que nos ofrece el estímulo para una fidelidad creativa al don recibido, y estamos dispuestos a vivirlo plenamente al alba del nuevo milenio.


2. Comunicar el Evangelio en la cultura de la comunicación, no es para nosotros una decisión opcional; es un deber vinculante: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1Cor 9, 16). Confirmamos, por tanto, el compromiso de realizar, en favor de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, este urgente y delicado cometido, y de hacerlo con alegría. Nos lo dijo el Papa Francisco en la audiencia que concedió a la Familia Paulina el 27 de noviembre de 2014, como conclusión del Año centenario, animándonos a «proseguir en el camino» abierto por nuestro beato Fundador el P. Santiago Alberione, «manteniendo siempre la mirada abierta a amplios horizontes»: «La alegría del don recibido por puro amor se comunica con amor. Gratuidad y amor. Sólo quien ha experimentado esa alegría la puede comunicar, más aún, no puede menos de comunicarla, porque “el bien siempre tiende a comunicarse” (EG 9)».

Como apóstoles comunicadores


3. Frente a los desafíos que las circunstancias actuales presentan a nuestra misión específica, reforzamos la confianza en la asistencia del Maestro divino: ha sido él quien nos ha encomendado este ministerio (cfr. 2Cor 3, 5-6). Al mismo tiempo, nos comprometemos a apuntar a una formación continua, que comprenda también una preparación de todos los miembros en el campo de la comunicación: su naturaleza, sus medios, sus leyes, sus lenguajes. Sólo así podremos vivir una “diaconía digital”.


4. Sabemos, sin embargo, que nuestra misión no se identifica con el uso de uno u otro medio de comunicación, sino con el hecho mismo de comunicar a todos, de manera rápida y eficaz, el Evangelio de Jesucristo, con el espíritu del Apóstol Pablo. El beato Santiago Alberione nos enseña: “El fin que se quiere alcanzar es el que impone los medios…” (Ut perfectus sit homo Dei, II, 193). Por otra parte, constatamos que, aunque la comunicación ha abarcado a todo el mundo, gran parte de la humanidad está aún excluida del uso y de los beneficios de las comunicaciones de vanguardia. A todos sin excepción llevaremos el mensaje evangélico que libera y transforma. Somos Iglesia y queremos ser, con la Iglesia, una Congregación “en salida”, “en camino” para ponernos junto a los “nuevos macedonios” (cfr. He 16, 9) que nos interpelan: las actuales multitudes sin pastor, las minorías olvidadas, los excluidos, los afectados de cualquier tipo de enfermedad, los pisoteados sociales, los jóvenes no escuchados o víctimas de las modernas dependencias, los desempleados y los emigrantes, los hambrientos de pan y de verdad, quienes han excluido a Dios de su existencia, los que han perdido el sentido de la vida…


5. Lo de “Todo lo hago por el Evangelio” (1Cor 9,23) nos pertenece también a nosotros, que tenemos a Pablo como padre, maestro y protector; caminando sobre sus huellas, nos consideramos deudores de todos y queremos hacernos “todo a todos para salvar sea como sea a alguno” (1Cor 9,22). A pesar de que las dificultades son muchas, el Señor está con nosotros: “Reboso de gozo en medio de las tribulaciones” (2Cor 7,4). Dejémonos sorprender por la constante creatividad divina: sólo recuperando la frescura original del Evangelio brotarán “nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” (EG 11).


6. Aun “no hablando sólo de religión, sino de todo cristianamente” (AD 87, cfr. AE V 159), ofrecemos a todos el Evangelio, que no es un conjunto de conceptos o de formalidades normativas, sino la Persona misma de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6), Maestro único (Mt 23,10), Salvador del mundo. Del encuentro personal con Cristo brotarán la “conversión pastoral” y el impulso misionero que nos llevará a salir de nuestras estériles seguridades para llegar a todos, alcanzando incluso las fronteras existenciales, culturales y geográficas del presente. “Hoy, que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, sentimos el desafío de descubrir y transmitir la ‘mística’ de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación” (EG 87).


Y como consagrados


7. Para comunicar a Cristo salvador, consideramos indispensable vivirlo nosotros mismos respondiendo a su amor que nos precede: “…Me amó y se entregó por mí” (cfr. Gal 2,20). Con este fin, hemos pedido con insistencia, en estos días: “O divino Espíritu…, renueva en nuestra Familia, a cien años de su nacimiento, los prodigios de un nuevo Pentecostés”. Esta acción del Espíritu reavivará en nosotros la “doble llama” del amor a Dios y a los hombres, dondequiera que estén. De este fuego brotará la alegría de anunciar a Cristo, adoptando las nuevas formas, los nuevos lenguajes y las nuevas estructuras dictadas por las exigencias operativas y sugeridas por la “fantasía de la caridad” (Papa Francisco, Audiencia a la Familia Paulina, 27 de noviembre de 2014).


8. Conscientes de nuestras “faltas de correspondencia al exceso del amor divino”, nos encomendamos, como Pablo, a Aquel que es más fuerte que nuestros miedos y debilidades. La misión que se nos ha encomendado nos exige un estilo de vida que no conoce medias tintas; un nuevo vigor en el caminar juntos, como comunidad evangelizadora; una entrega apostólica incondicional, propia de las almas que Dios reserva para las grandes empresas. Así seremos capaces de suscitar entusiasmo espiritual en los hermanos y en los laicos que desempeñan con nosotros las obras apostólicas; aumentará la fuerza de nuestro testimonio y se convertirá en la más eficaz propuesta vocacional; daremos nuestra contribución “en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la custodia de lo creado” (EG 257); asumiremos el progreso tecnológico como un don de la Providencia; escrutaremos con optimismo el futuro de la Congregación y estaremos en grado de realizar el proyecto que Dios nos ha encomendado en estrecha comunión con toda la Familia Paulina.


9. Reforzados en la esperanza y en la alegría, recorreremos los nuevos senderos del espíritu misionero, “no dejando espacio a lagunas y fantasías, a inútiles nostalgias, a sentimentalismos vacíos”, sino “caminando siempre por la vía maestra, a la luz y al sol”, “viviendo cada día la profesión liberadora” y realizando generosamente la misión que nos compete en la Iglesia, “fiándonos de Dios” y encontrando en el Evangelio la fuente de nuestra felicidad. “La alegría −nos enseña el Fundador− es fácil para cualquiera que tenga el verdadero, práctico y concreto concepto de la vida” (CISP 281).


10. María, Reina de los Apóstoles, cuya misión es la de "dar a Jesucristo al mundo" (cfr. Ut perfectus sit homo Dei, IV 267), renueve en cada uno de nosotros el impulso y la belleza de la fe, esa misma fe que animó a san Pablo, al beato Santiago Alberione, al beato Timoteo Giaccardo y a tantos hermanos y hermanas de la Familia Paulina que lo “han dado todo” para hacer a todos la caridad de la verdad.