5 Septiembre 2012
 

Santo del día: Lorenzo Justiniano; Obdulia; Bta. Teresa de Calcuta

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XXII del T.O. 2ª del salterio 1Cor 3,1-9 / Sal 32 / Lc 4,38-44



Evangelio



En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, para eso me han enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.

 

Anuncio abierto de la Buena Nueva



El Señor pasa de un ámbito público, como era la sinagoga, a otro privado, la casa de Pedro, para continuar librando de enfermedades y dolencias. Esta vez «amenaza a la fiebre» que inmovilizaba a la suegra de Simón impidiéndola desempeñar las labores de casa. Le piden a Jesús que haga algo por esa mujer, y él consiente enseguida; y también enseguida ella se pone a servirles. Luego se abre el abanico de la acción curativa de Jesús extendiéndose a multitud de enfermos que le son presentados y a quienes él libra de cualquier enfermedad imponiéndoles las manos. Este gesto es una especie de exorcismo, y en efecto los malos espíritus se dan por aludidos y perjudicados, protestando a modo de confesión... que Jesús rechaza: «No les dejaba hablar». Tampoco se deja él condicionar a un ámbito restringido, sino que se lanza a predicar abiertamente recorriendo lugares y regiones.




Frase del día



Muchas veces, Señor, nos cerramos en nuestros restringidos límites sin lanzar la mirada a nuestro alrededor. Concédenos superar nuestra miopía y salir de nosotros mismos.

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