1 Febrero 2012
 

Santo del día: Cecilio; Brígida de Kildare; Bto. Andrés Carlos Ferrari

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IV del T.O 4ª del salterio 2Sam 24,2.9-17 / Sal 31 / Mc 6,1-6



Evangelio



En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí?». Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando..

 

¿No eres uno como nosotros?



El motivo del «escándalo» de los paisanos de Jesús radica en que ellos creen conocer al dedillo sus orígenes, a sus familiares, su vida normal (¡el carpintero de muchos años!)... ¿Cómo entonces posee una doctrina, una sabiduría tan sublime? Se produce la antinomia: quien está más cerca se queda más lejos. Los profetas habían luchado casi siempre contra los círculos pietistas, de quienes –quizá ingenuamente– intentaban «apoderarse» de Dios, hacerse un Dios a medida (que pasa a ser un ídolo). Aquí en Nazaret se da de nuevo una aparente contradicción: Dios se mete totalmente en nuestras cosas, haciéndose «uno de tantos», pero al mismo tiempo las supera. Él es el Dios presente que se esconde, o el Dios escondido que se presenta: y eso suele dejarnos siempre fuera de juego.



Frase del día



Señor, solemos confundirnos en nuestros cálculos, hechos con miopía. Haznos percibir la grandeza de lo pequeño, de la humildad en que has querido mostrarte.

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