Uso de Cookies: Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.

ACEPTAR Más información

El Libro del Pueblo de Dios

Tamaño de letra: Aumentar - Reducir - Original

Carta a los Gálatas

LA LIBERTAD CRISTIANA
31La Antigua Alianza ha sido superada por Cristo. Él inaugura la Nueva Alianza. La primera conduce a la «esclavitud» de la Ley. La segunda a la «libertad» del Espíritu (4. 24-26). Esa libertad es la que defiende Pablo, contra todos los que pretenden coartarla suprimiendo «el escándalo de la cruz» (5. 11). La única Ley del cristiano es «la ley del Espíritu que da la Vida» (Rom. 8. 2), y es por ese Espíritu que debemos dejarnos «conducir» si queremos vivir plenamente (5. 16).
31Siempre existe el riesgo de que la libertad se convierta en «un pretexto para satisfacer los deseos carnales» (5. 13). El remedio no está en suprimirla, recayendo en la esclavitud de la Ley. Lo importante es hacer de la libertad un medio y no un fin. Cristo nos ha liberado de la «servidumbre» que nos esclaviza, pero no del «servicio» que se presta por amor. Si somos libres es para poder amar auténticamente, y sólo en el amor se realiza la verdadera libertad.
Exhortación a mantenerse en la libertad de la fe
5
1 Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. 2 Yo mismo, Pablo, les digo: si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada. 3 Les vuelvo a insistir: todos los que se circuncidan, están obligados a observar íntegramente la Ley. 4 Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia. 5 Porque a nosotros, el Espíritu nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia. 6 En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.
El escándalo de la cruz
7 ¡Ustedes andaban tan bien! ¿Quién les impidió mantenerse fieles a la verdad? 8 ¡No habrá sido a instancias de aquel que los llama! 9 «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa». 10 Yo espero en el Señor que ustedes no cambiarán de parecer. En cuanto a aquel que los está perturbando, será castigado, sea quien sea. 11 Hermanos, si yo predicara todavía la circuncisión, no me perseguirían. ¡Pero entonces, habría terminado el escándalo de la cruz! 12 En cuanto a los agitadores, ojalá que llegaran hasta la mutilación total.
La libertad y el amor
13 Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. 14 Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.
El Espíritu y la carne
16 Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 17 Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. 18 Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. 19 Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, 20 idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones 21 y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios. 22 Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, 23 mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está de más, 24 porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos. 25 Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él. 26 No busquemos la vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

VOLVER