

Valoración





La presente carta encíclica, sobre el Espíritu Santo, arranca de la herencia profunda del concilio Vaticano II. En efecto, los textos conciliares, gracias a su enseñanza sobre la Iglesia en sí misma y sobre la Iglesia en el mundo, nos animan a penetrar cada vez más en el misterio trinitario. De este modo la Iglesia responde también a ciertos deseos profundos, q ue trata de vislumbrar en el corazón de los hombres de hoy: un nuevo d escubrimiento de Dios en su realidad trascendente de Espíritu infinito , la necesidad de adorarlo en espíritu y verdad, la esperanza de encon trar en él el secreto del amor y la fuerza de una nueva creación.
Datos técnicos