(Mª Ángeles Gómez-Limón, en Estudios Eclesiásticos). Ante una obra con este título –Desafíos del perdón después de Auschwitz– es fácil reaccionar de dos maneras: «Un libro más sobre el Holocausto … ¿se puede decir más?, ¿no es mejor mirar para adelante y no mirar tanto hacia atrás?» … O bien: «Muy bien, una obra sobre un autor desconocido para la mayoría en un tema que puede ser interesante … ». Sin embargo, si alguien, pese a esa posible reacción primera, se atreve a entrar en este libro, se llevará varias sorpresas. Desafíos del perdón no es un libro sobre la Shoa, tampoco un análisis del pensamiento -tan asistemático, por otra parte- de Vladimir Jankélevitch, ni –menos aún– un ejercicio academicista de quien ofrece el resultado de una tesis doctoral. Mejor descubrirlo personalmente.
María Dolores López Guzmán (Pamplona 1965) es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Teología. Imparte cursos de Teología en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, en la Universidad Pontificia Comillas y en el Instituto Superior de Pastoral. Forma parte del Consejo de Redacción de la revista Sal Terrae, y es autora de varios libros: Cuando vayas a orar. Guía y ayuda para adentrarse en la oración (2005), Donde la maternidad se vuelve canto. Apuntes para una teología de la maternidad (2006) y La desnudez de Dios (2007), junto a un nutrido número de artículos en diferentes revistas de teología, catequética, espiritualidad y pastoral.
No podemos menos que comenzar esta presentación de la obra recordando una afirmación que no puede dejarnos impasibles: «Ante la tragedia de la Shoa, a nadie le es lícito pasar de largo ( … ). Tomar conciencia de la naturaleza del mal que reveló el totalitarismo, es fundamental, ya que el perdón que se requiere no es el habitual, el de los conflictos de la vida ordinaria, sino aquel que está dispuesto a absolver la maldad absoluta» (de la Introducción). Exactamente, la autora nos recuerda hasta qué punto puede ser inmoral el olvido e insiste en la necesidad de detenerse ante un tema que termina siendo para todos profundamente incómodo, por no decir, acusador.
Tras el prólogo (excelente síntesis de Fernando Millán), sigue la Introducción, donde la autora presenta al pensador ruso-francés, y cinco capítulos. En el primero de ellos, se abordan las Ideas falsas del perdón, donde se desenmascaran mecanismos encubridores de una realidad rota. Así, la autora analiza con lucidez la banalidad que subyace a ciertos tipos de perdón (similiperdones). Son los que se sustentan en la acción del tiempo («el tiempo todo –no– lo cura»), en la intelección –como la necesidad de buscar razones que excusen lo inexcusable–, los que brotan del sentimiento de superioridad del ofendido (la altiva clemencia, la avaricia espiritual…) y los que se quedan a medio camino.
Partiendo de estas clarificaciones, López Guzmán pasa a describir –capítulo segundo– la naturaleza auténtica del perdón, que desarrolla teniendo en cuenta tres elementos constituyentes e inalienables: el perdón es acontecimiento, esto es, y en una terminología muy precisa en el contexto de la obra: «advenimiento», «instante», «gratuidad» y «dimensión sobrenatural». El perdón es también relación: «con el otro» y «con el pecado». Por último, el perdón supone, decididamente, una remisión ilimitada traducida como «radicalidad», «sacrificio», «orden nuevo».
Paradójicamente, el tercer capítulo se titula Lo imperdonable. Si no queremos caer en un «similiperdón», hay que atreverse a una pregunta insoslayable y legítima: «¿se puede perdonar todo, sea lo que sea, siempre y para siempre?». Consciente de llegar a un punto álgido de su obra, fundamentado y preparado en las páginas precedentes, la autora aborda el extremo conflicto entre justicia y perdón, afirmando que «lo imperdonable existe (…). Pero su presencia no implica la imposibilidad absoluta del perdón sino una tensión dramática e irresoluble para el hombre entre lo irremisible y la absolución» (p.253). López Guzmán inicia el capítulo describiendo El mal radical y la toma de conciencia de hasta dónde puede llegar el mysterium iniquitatis del ser humano. Por ser «mal radical» adquiere rango de irreversible, irrevocable, irreparable y, por justicia, imprescriptible. La conclusión del capítulo –Justicia y perdón– hace distinciones necesarias y ofrece salida. El mal radical –tan real que asusta– puede no tener la última palabra.
En cuarto lugar se aborda la Confluencia de las tradiciones judía y cristiana en los signos de conversión del ofensor y en la absolución, donde la autora expresa a través de categorías comunes a ambas tradiciones, los desafíos del perdón. Elementos constituyentes –y procesuales, en cierto sentido– son, en primer lugar, Memoria, verdad, confesión; en segundo lugar: Remordimiento, arrepentimiento, contrición; seguido de Reparación, penitencia; para terminar con el sentido de la Absolución.
Ahora bien, la honda confluencia entre ambas tradiciones, no es todo lo que puede decirse. El capítulo final de la obra aborda El «de-más» cristiano, su «exceso» y «desmedida». Unas palabras de Jankélevitch («judío agnóstico») nos sirvan de muestra de lo que aquí se desarrolla: «Que el padre del hijo pródigo acoja al arrepentido en su casa, es justo y se comprende. Pero abrazarlo, ponerle el mejor vestido, matar el novillo cebado y celebrar un festín en honor del arrepentido, ahí tenemos lo inexplicable, lo injusto, la misteriosa fiesta mayor del Perdón». Un perdón así es más que nosotros mismos y que cualquier posibilidad humana, de ahí el desarrollo de este «de más» cristiano en sus dimensiones sobrenatural, soteriológica y escatológica.
Como se ha podido deducir, Desafíos del perdón nos concierne a todos. Diríamos que no es un libro para estudiosos sino para personas de buena voluntad que no tienen miedo de la verdad. Filósofos, teólogos, pastoralistas … se darán cuenta que tras la temática de justicia y perdón se tocan otros temas decisivos, en un pensamiento teológico construido con solidez, precisión, sin eludir temas espinosos (tómese nota del tema de la condenación eterna, por ejemplo) y sin caer en lo políticamente correcto. Desde las primeras páginas, el lector va sintiéndose afectado personalmente por algo que –desgraciadamente– no le es tan ajeno, sino sorprendentemente «próximo».
Volumen escrito con maestra sencillez (algo tan poco habitual en este género literario) presenta una impecable estructura de forma y de fondo. Las recapitulaciones y transiciones que se hacen entre epígrafes son auténticos «sumarios» que nos permiten ir dando cada paso con la claridad con que lo hace la autora. Siguiendo a Jankélevitch, pero mucho más allá de él, Mª Dolores López Guzmán, articula pensamiento y abre horizonte.
Estas palabras de la autora nos sirven de síntesis: «Puede decirse que, en cierta manera, el perdón tiene carácter pascual pues abre el camino hacia una realidad nueva, reconciliada, donde Dios será todo para todos. Jesús pronunció palabras de absolución en la cruz. En el corazón de su paso de la muerte a la Vida aparece el perdón.
Sólo el perdón de Dios tiene poder para conducir a toda la humanidad a una creación nueva. y solo en Él, el «exceso» de gracia que Jankélevitch intuye en el perdón se convierte de hecho en una historia real de salvación plena» (p.374).
Mª Ángeles Gómez-Limón
Estudios Eclesiásticos Vol. 87 (2012), nº 340, 176-178