(Miguel de Santiago, en Ecclesia). Son muy conocidos los Diccionarios de la Ed. San Pablo: bíblico, de teología, de moral, de liturgia, de pastoral, de espiritualidad, de mística, de catequética, de sociología, de los santos, de pastoral de la salud… Parecía que ya estaban abordados todos los ámbitos del tema religioso, pero recientemente se ha publicado en español el Diccionario de lconografía y Arte cristiano –surgido como casi todos los mencionados en tierras italianas–, bajo la dirección de Liana Castelfranchi, profesora emérita de Historia del Arte Medieval de la Universidad de Milán, y Maria Antonieta Crippa, profesora de Arquitectura en la Politécnica de Milán. Más de ciento diez prestigiosos autores –se cuentan con los dedos de una mano los españoles, y sobran dedos– abordan los temas con gran rigor, pero también con claridad, de modo que sea útil para el lector medianamente familiarizado con cuestiones religiosas y también con los más elementales conceptos relacionados con las artes. Esta voluminosa obra con más de quinientas voces se encuentra a medio camino entre las monografías especializadas y una síntesis divulgadora. Facilita al especialista un resumen del contenido de aquello sobre lo que precisa información rapada y de fácil acceso; al mismo tiempo, es muy válida y provechosa para quienes necesiten adentrarse en una bibliografía selecta que les permita seguir profundizando en determinados temas. El origen y el significado del arte cristiano corren el riesgo de quedar diluidos en unos planes de educación harto discutibles, que hemos padecido en aras de un laicismo ideológico que causará también daño, no solamente en la formación religiosa, sino también en la cultural de las generaciones que habrán de tener protagonismo en el futuro. Y no conviene olvidar la reflexión de un gran teólogo del siglo XX, el cardenal Hans Urs von Baltasar, quien en su obra La percepción de la forma (volumen 1 de Gloria), afirma que «las obras de arte pueden perecer si son confundidas por demasiadas miradas sin espíritu, y también un cierto irradiarse de santidad puede obnubilarse si no encuentra más que la densidad opaca de la indiferencia». Hay en las mil seiscientas páginas de gran formato de este diccionario suficiente información, acompañada a veces de dibujos explicativos, como para llevar a cabo una lectura atenta de aquellos contenidos que se quieran estudiar; y contribuirá también a que los creyentes y ocasionales visitadores de museos presten atención a la dimensión trascendente de la belleza. Esta, como la verdad y el bien, es un lugar teológico y nos permite conocer y amar un mundo creado por el hombre, que a su vez fue creado por Dios a su imagen y semejanza.
Miguel de Santiago
Ecclesia 3.615 (24 de marzo de 2012) 15.















