(Ángel Gómez Escorial, en Betania.es). Es muy duro, mucho, que un sacerdote, un obispo, sea asesinado mientras dice misa. Y eso ocurrió en El Salvador en 1980. Las fotos que ilustran el volumen que reseño hoy, aparece Monseñor Óscar Romero revestido para celebrar y con la cara desfigurada y ensangrentada por los disparos asesinos. Impresiona esa imagen pues un sacerdote revestido es una imagen de paz y de amor. En altar se celebra el máximo milagro del amor. El subtítulo del libro dice «Pastor de corderos y lobos», que ya va dando idea de la situación que se nos crea.
No ha sido fácil desde la Europa de la democracia donde ha existido en los últimos muchos años un equilibrio entre diversidad política y paz entender el enfrentamiento latinoamericano, y, sobre todo, el de Centroamérica. También, ha habido equilibrios entre desarrollo y convivencia. Y por eso parecían inverosímiles alguna posiciones de las Iglesias locales de Latinoamérica en sintonía o cercanía con los revolucionarios. Pero lo que, tal vez, nos faltaba es el retrato certero de los opresores, su fondo y sus formas. Tampoco aquí se consiguió suficiente sintonía con la llamada Teología de la Liberación, a la que se vio siempre inclinada hacia un lado. Y faltó conocimiento de la dureza ejercida en esos países por las clases dominantes. Y ni siquiera se juzgó con objetividad a los que luchaban contra todo eso. Para unos eran unos vulgares terroristas, para otros unos románticos adalides de la libertad. Ni una cosa, ni otra.
En fin, El Salvador de finales de la década de los setenta y principio de los ochenta vivía una guerra civil irregular. No de aparentes batallas convencionales, pero sí del uso de la práctica de la guerrilla y las correspondiente contramedidas de los contrarios. El 24 de marzo de 1980, el Arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero fue asesinado ante el altar, sobre el presbiterio, mientras celebraba misa. Terrible momento, terrible muerte, terrible asesinato, terribles asesinos…
Y en este libro, escrito por Alberto Vitali, gran experto de El Salvador, lo que busca, sobre todo, es explicar lo mejor posible el contexto en el que se vivía en esa época, en la que, además, había unas victimas ocasionadas desde ambos bandos y que no eran otros que los campesinos pobres y pertinazmente explotados. Tiene, asimismo, un prólogo de Luigi Betazzi, obispo italiano, emérito de la diócesis de Ivrea y actual presidente de Pax Christi, la organización que presidía Óscar Romero en el momento de su muerte. El epílogo es de Angelo Casati, otro buen conocedor de El Salvador de entonces. El libro es, pues, muy oportuno pues parece como si en Europa, y especialmente en España, se fuera olvidando aquella violencia, sus victimas y sus mártires. Conviene leerlo y reconocer la lucha pacífica de Óscar Romero por ser pastor de todos sus compatriotas, cosa que, finalmente, no fue posible. No se puede dejar de citar a Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno Pardo, Joaquín López y López, jesuitas la mayoría de origen español de la Universidad de Centro América, que fueron asesinados por miembros del Ejército salvadoreño en noviembre de 1989, según pudo acreditarse. En fin, que como decía merece la pena entrar en el desarrollo de aquellos momentos tan difíciles que también produjo mártires.
El autor del libro, Alberto Vitali, es un sacerdote italiano de la diócesis de Milán, ordenado en 1988, que ha trabajado para Pax Christi y como decía al principio gran conocedor de la historia que comentamos.
Ángel Gómez Escorial
Betania.es
Nº 748 (13 de mayo de 2012)